Un asno encontró la piel de un león dejada en el bosque por un cazador. Se vistió con ella y se divirtió escondiéndose en un matorral y corriendo de repente contra los animales que pasaban por allí. Todos echaban a correr en el momento en que lo veían.
El asno estaba tan complacido de ver a los animales huir de él, como si él mismo fuera el Rey León, que no pudo evitar expresar su alegría con un fuerte y áspero rebuzno. Un zorro, que corría con el resto, se detuvo en seco en cuanto escuchó la voz. Acercándose al asno, dijo con una carcajada:
«Si hubieras mantenido la boca cerrada, también podrías haberme asustado. Pero te delataste con ese tonto rebuzno».

Créditos
Esopo fue un fabulista de la Antigua Grecia, cuyas historias protagonizadas por animales han perdurado más de dos mil años gracias a la universalidad de sus moralejas. Esta fábula es uno de sus relatos más citados sobre la impostura, y ha dado origen a la expresión «asno con piel de león», usada aún hoy para describir a quien pretende aparentar lo que no es.
