Simbad el Marino

Hace mucho, mucho tiempo en Bagdad vivía un hombre. Simbad el Portero, trabajaba duro todos los días por dinero y todavía no tenía casi. Un día, Simbad se tomó un descanso y se detuvo en la casa de un rico comerciante. Simbad olió los aromas más deliciosos que provenían de la casa y escuchó la música más hermosa. “¡Es tan injusto que algunas personas puedan disfrutar de las cosas buenas de la vida sin trabajar duro y yo trabajo duro todos los días y todavía no puedo disfrutar algo asi!”, Se quejó Simbad.

En ese momento, un niño salió de la casa y se acercó a Simbad. Tomó al Portero de la mano y lo condujo al interior de la casa. Simbad estaba hipnotizado por la belleza de la casa. «Esta debe ser la casa de un rey o un sultán», pensó para sí mismo. En un gran salón, Simbad vio a un hombre impresionante con una gran barba gris. El anfitrión señaló una silla y preguntó su nombre. “Mi nombre es Simbad el Portero”, respondió Simbad. «¡Qué casualidad! Mi nombre también es Simbad. Simbad el Marino”, dijo el anfitrión.

“Le escuché quejarse de lo injusto que es el mundo”, continuó Simbad el Marino. “Pero déjame decirte amigo mío, esta riqueza tampoco me fue fácil. Antes de venir a vivir aquí, hice siete viajes. Un viaje más notable que el anterior. Te contaré la historia de mi primer viaje». Y Simbad, el Marino, así lo hizo. Y Simbad, el Portero, escuchó con asombro la asombrosa aventura.

Después del cuento Simbad el Marino, invitó a su tocayo a quedarse a cenar. Después de la cena le regaló al Portero una gran cantidad de oro. Luego lo invitó a pasar al día siguiente para escuchar la historia del segundo viaje.

Al día siguiente, Simbad el Portero fue recibido calurosamente en la casa de Simbad el Marino. Consiguió la comida y las bebidas más deliciosas y escuchó la historia del segundo viaje. Al salir, el Portero volvió a recibir una gran cantidad de oro. ¡No podía creer su suerte!

En los días que siguieron, Simbad el Portero visitó a su nuevo amigo. Todos los días, Simbad, el Marino, contaba una historia de sus viajes. Él había dicho la verdad. Las historias se volvieron cada vez más notables. Simbad el Marino tuvo que soportar muchas cosas antes de establecerse en su tranquila vida en Bagdad. Simbad el Portero escuchó con asombro las increíbles aventuras. Todos los días salía de la casa más rico que cuando llegaba por la mañana.

El séptimo día, Simbad el Marino contó la historia más asombrosa que Simbad el Portero había escuchado jamás. Comprendió ahora que el Marino había pasado por muchas mucho más para estar donde estaba ahora. “Pido disculpas por pensar que su vida siempre ha sido fácil”, le dijo a su amable anfitrión. Una vez más, Simbad el Portero recibió una gran cantidad de oro al salir. Luego de ese momento, el Portero tampoco tuvo que trabajar más nunca en su vida.

Y los amigos, Simbad el Marino y Simbad el Portero vivieron felices para siempre.

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