Un tarro de miel estaba volcado y su dulzura pegajosa fluía sobre la mesa. El dulce olor de la miel pronto atrajo a un gran número de moscas zumbando. No esperaron una invitación. No; se acomodaron, con patas y todo, para atiborrarse de miel. Y rápidamente fueron cubiertas de pies a cabeza con miel. Sus alas se pegaron. No podían sacar los pies de la masa pegajosa. Y así murieron, dando la vida por lo dulce.

Créditos
Esopo fue un fabulista de la antigua Grecia, cuyas historias han perdurado más de dos mil años gracias a su capacidad de condensar grandes verdades morales en relatos brevísimos. "Las moscas y la miel" es una de sus fábulas más concisas, y precisamente en esa brevedad reside su fuerza: sin moraleja explícita, la imagen final lo dice todo.
