Un perro dormido en un pesebre lleno de heno, fue despertado por el ganado, que llegaba cansado y hambriento de trabajar en el campo. Pero el perro no dejaba que se acercaran al pesebre, y gruñía y mordía como si estuviera lleno de la mejor carne y huesos, sólo para él.
El ganado miró al perro con disgusto. «¡Qué egoísta es!», dijo uno. «¡Él no puede comer el heno y, sin embargo, no nos deja comerlo a nosotros que estamos tan hambrientos de él!»
En eso entró el granjero. Al ver cómo actuaba el perro, agarró un palo y lo echó del establo con muchos golpes por su comportamiento egoísta.

Créditos
Esopo fue un fabulista de la Antigua Grecia, cuyos relatos breves con moraleja han perdurado durante más de dos mil años y siguen siendo referencia universal en la literatura didáctica. "El perro en el pesebre" es una de sus fábulas más reconocidas, tanto que dio origen a la expresión popular usada aún hoy para describir a quien niega a otros lo que él mismo no puede usar o disfrutar.
