Un granjero caminó por sus campos una fría mañana de invierno. En el suelo yacía una Serpiente, rígida y congelada por el frío. El granjero sabía cuán letal podía ser la serpiente y, sin embargo, la recogió y la metió en su pecho para traerla de vuelta a la vida.
La serpiente pronto revivió y, cuando tuvo suficiente fuerza, mordió al hombre que había sido tan amable con ella. La mordedura fue mortal y el granjero sintió que iba a morir. Al exhalar su último aliento, les dijo a los que estaban alrededor: «Aprended de mi destino a no tener piedad de los canallas».

Créditos
Esopo fue un fabulista de la Antigua Grecia, considerado el padre de la fábula occidental, cuyos relatos han sobrevivido más de dos mil años gracias a su capacidad de condensar grandes verdades morales en historias breves. "El granjero y la serpiente" es una de sus fábulas más directas y sombrías, ya que concluye con una advertencia sin concesiones pronunciada por el propio protagonista en su último aliento.
