Érase una vez una veloz liebre a la que le encantaba presumir de lo rápido que corría. Una mañana soleada, vio a una tortuga que caminaba lentamente por el sendero. La liebre se rio a carcajadas y gritó:
—¡Tortuga, que lenta eres! Apuesto a que ni siquiera sabes correr.

La tortuga, sabia y con calma, miró a la liebre y dijo:
—Puede que sea lenta, pero apuesto a que puedo ganarte en una carrera.
La liebre se echó a reír.
—¿Tú? ¿Ganarme? Es lo más gracioso que he oído nunca. Pues hagámoslo. ¡Hagamos una carrera!
El zorro, que era su amigo, aceptó marcar el recorrido y ser juez.
—En sus marcas, listos, ¡ya! —gritó el zorro, y se pusieron en marcha.

La liebre salió disparada, con las patas borrosas mientras corría por el sendero. La tortuga empezó a andar a paso lento y constante, como siempre.
Al poco tiempo, la liebre le llevaba tanta ventaja que decidió echarse una siesta. “Soy tan rápida que puedo permitirme una siesta”, pensó mientras se tumbaba a la sombra de un árbol y se quedaba profundamente dormida.

Mientras tanto, la tortuga seguía avanzando, paso a paso, sin detenerse nunca. Pasó junto a la liebre dormida, en silencio y con paso firme, hasta llegar a la meta.
Cuando la liebre despertó, vio que la tortuga se acercaba a la meta. Se levantó de un salto y corrió tan rápido como pudo, pero ya era demasiado tarde. La tortuga ya había cruzado la meta.

El zorro declaró:
—¡Gana la tortuga!
La liebre no lo podía creer.
—¿Cómo lo has hecho? —preguntó, desconcertada y un poco avergonzada.
La tortuga sonrió y dijo:
—Despacio y con constancia se gana la carrera.

Créditos
Esopo fue un narrador de la antigua Grecia, al que se atribuyen cientos de fábulas protagonizadas por animales con lecciones morales que perduran hasta hoy. Aunque se cree que vivió en el siglo VI a. C., sus historias se transmitieron oralmente durante generaciones antes de ser recopiladas por escrito. "La liebre y la tortuga" es quizás su fábula más universal, cuya moraleja final —"despacio y con constancia se gana la carrera"— se ha convertido en un proverbio reconocido en todo el mundo.
