Una mañana, Lindi encontró un elefante en su habitación.
—¡Mira! —gritó—. ¡Hay un elefante en mi habitación!
—No, no hay —respondió su madre—. Los elefantes no viven en casas. Todos saben eso.
El elefante bostezó.

Al desayuno, el papá de Lindi le pidió que le alcance la leche.
—No puedo —dijo Lindi—. El elefante se la tomó toda.
—No hay un elefante —dijo su papá—. Los elefantes no viven en la ciudad. Todos saben eso.
El elefante eructó.

En la escuela, la maestra refunfuñó.
—¿Qué le pasa al pizarrón? ¡Está todo arrugado!
—Ese no es el pizarrón. ¡Es mi elefante! —dijo Lindi.
—No hay elefantes en la escuela —dijo la maestra—. Todos saben eso.
El elefante se comió los emparedados de la maestra.

En el recreo, el elefante siguió a Lindi al patio.
Por error, tiró los columpios.
—¡Vete! —dijo Lindi—. ¡No eres real y no deberías estar aquí! ¡Todos saben eso!
El elefante se entristeció. Se alejó, secándose los ojos con la trompa.

Después de la escuela, Lindi no veía al elefante por ningún lado.
—¡Elefante! —gritó—. ¿Dónde estás?

Lindi se fue a casa sin él.
Se sentía sola.
Así que salió, se sentó en los escalones y esperó. Y esperó, y esperó.

Y entonces… vio una trompa.
Y colmillos.
Y orejas.
¡El elefante venía por el camino!

Ella corrió hacia él y lo abrazó.
—Lo siento —le dijo—. ¡No era mi intención! Sé que eres real. Eres mi elefante.

El elefante la levantó y la puso sobre su lomo, y ella recorrió la calle.
Saludó a sus vecinos con la mano.
—¡Hola, señor Green! ¡Hola, señor Green!
—¡Miren a Lindi! —dijo el señor Green—. ¿Cómo ha subido ahí? ¡Quizás ha crecido!
—No seas tonto —dijo la señora Green—. Las niñas pequeñas no crecen tanto. Todos saben eso.

El elefante llevó a Lindi al lago y ella se deslizó por su trompa como si fuera un tobogán.
—¡Uiiii! —gritó.
Jugaron toda la tarde, riendo, chapoteando y echándose agua uno a otro.

Esa noche, el elefante la acostó en la cama.
—Buenas noches, Elefante —dijo Lindi—. Gracias por un día tan maravilloso.
Él le acarició la cabeza y se acurrucó para dormir fuera de su ventana.

—Los elefantes son los mejores amigos del mundo —se dijo Lindi—. Nadie lo sabe, excepto mi elefante y yo.

Créditos
Publicado originalmente por Book Dash bajo una Licencia Creative Commons BY 4.0. Este libro puede leerse gratis en https://bookdash.org/books/the-elephant-in-the-room y fue creado por: Thomas Pepler (Designer), Michael . (Illustrator), Sam Wilson (Writer)
