La sonrisa de Sizwe

Resumen


"La sonrisa de Sizwe" es un encantador cuento infantil que narra cómo, en un día gris y lluvioso, la sonrisa de un niño llamado Sizwe se contagia de persona en persona: de su amiga Zanele al cartero, del perro al anciano, y así sucesivamente, hasta transformar el mal humor de todo el vecindario en alegría colectiva. La historia ilustra de forma sencilla y mágica que una sonrisa se puede regalar sin perderla y que su poder es capaz de disipar la tristeza e incluso hacer aparecer el sol. Ideal para trabajar con niños temas como la empatía, la generosidad emocional y el impacto positivo de los pequeños gestos en la comunidad.

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Llevaba días lloviendo y todo el mundo estaba de mal humor. Todos menos Sizwe, que se despertaba cada mañana con una sonrisa.

—¡Ey, Sizwe! ¡Esa sonrisa es mágica! —dijo la abuela—. ¿Es para mí?

Sizwe se tapó la boca con la mano.

—Pero es MI sonrisa, abuela —susurró.

Su madre rio.

—¡Sizwe! Una sonrisa es algo que puedes regalar sin perderla. ¡Mira! —lo levantó y lo llevó al espejo. Allí estaba su sonrisa, tan brillante como antes.

Era hora de salir. Mamá abrochó el impermeable de Sizwe y se pusieron en marcha, bajo la lluvia, hacia la biblioteca.

Al final de la calle, Zanele, la mejor amiga de Sizwe, estaba de pie junto a la ventana de su casa, mirando con tristeza la lluvia. Sizwe sintió cómo se le escapaba una sonrisa. Antes de darse cuenta, su sonrisa saltó y voló a través del jardín hasta Zanele.

Zanele se aferró con fuerza a la sonrisa, era demasiado preciosa como para dejarla escapar.

Mientras Sizwe se alejaba hacia la biblioteca, sonó el timbre de la puerta de Zanele. Era el cartero, con una carta de su primo favorito.

Zanele estaba tan feliz que la sonrisa se le escapó y se la dedicó al cartero.

—¡Gracias, señor cartero! —dijo.

La sonrisa de Zanele fue lo más brillante que el cartero había visto en toda la mañana. Lo mantuvo caliente mientras caminaba con dificultad bajo la lluvia.

Llegó a una casa grande. Dentro de la cerca, un perro daba vueltas en círculos, ladrando, ladrando y ladrando. Era tan tonto que el cartero no pudo evitar sonreír.

La sonrisa rebotó a través de la puerta con un destello de alegría.

El perro dejó de ladrar. Levantó las orejas y movió la cola. Luego se dio la vuelta y corrió hacia la casa con una preciosa y cálida sonrisa.

Un anciano encorvado abrió la puerta.

—¡Oh, no! No puedes entrar. ¡Estás todo mojado! —dijo al perro. Pero en seguida la sonrisa iluminó el rostro del anciano.

El anciano se enderezó un poco más.

—Bah —dijo—, ¿a quién le importa si llueve? ¡Vamos a dar un paseo, chico! —y se pusieron en marcha, chapoteando en los charcos.

Allí, en la senda peatonal, estaba la gruñona señora Makabela, la agente de tráfico. Parecía tener frío, estar mojada y sentirse miserable.

El anciano sabía exactamente qué hacer.

—¡Buenos días, señora Makabela! —la saludó con su sonrisa más grande y brillante.

Pero la señora Makabela… no le devolvió la sonrisa.

Estar bajo la lluvia durante días puede hacer que una cara se vea triste, triste, triste.

Pero una sonrisa es algo mágico y, a estas alturas, la sonrisa era tan fuerte y tan brillante que era muy difícil contenerla. No funcionó de inmediato, pero poco a poco comenzó a aflorar hasta que, por fin…

¡Una gran sonrisa iluminó el rostro de la señora Makabela!

Sonó el timbre de la escuela y los niños corrieron a cruzar la calle. La señora Makabela levantó su cartel y sonrió y sonrió a todos y cada uno de los niños.

Los niños sonrieron a sus mamás y papás, a sus abuelos y abuelas, a sus hermanos y hermanas. Sonrieron al conductor del autobús y al verdulero; y a la señora Makau, que se fue a sonreír a su marido, que sonrió al alcalde…

Las sonrisas saltaron, rodaron, brillaron y resplandecieron hasta que TODOS estaban sonriendo, lanzando risitas y riéndose a carcajadas bajo la lluvia.

En la biblioteca, todo estaba en silencio, excepto por el sonido de la lluvia.

—Es hora de irnos —dijo la madre de Sizwe, cerrando su libro.

—¡Ay, mamá! —dijo Sizwe, que se había quedado sin sonrisas.

Pero cuando salieron a la calle…

¡QUÉ VISTA!

¡Todo el mundo estaba allí!

¡Todo el mundo!

¡Y TODOS sonreían!

Las sonrisas rebotaban y brillaban en torno a Sizwe. Lo calentaban, le hacían cosquillas y se deslizaban hacia arriba, arriba, desde los dedos de los pies… hasta la CIMA de la cabeza. Estaba tan lleno de felicidad que la sonrisa brotó, brillante y radiante.

Y algo cambió. La tarde oscura, sombría y lluviosa ya no parecía tan oscura.

¿Podría ser…? ¡SÍ!

Las nubes se abrieron y el cálido sol brilló sobre ellos, con la sonrisa más grande, brillante y radiante de todas.


Créditos

Publicado originalmente por Book Dash bajo una Licencia Creative Commons BY 4.0. Este libro puede leerse gratis en https://bookdash.org/books/sizwes-smile y fue creado por: Genevieve Terblanche (Illustrator), Lauren Rycroft (Designer), Vianne Venter (Writer) Book Dash logo