Micki y sus amigos, Lolo y Unathi, están leyendo sus libros favoritos.
—Si ayudan a Micki a limpiar su habitación —dice Prudence—, después podrán tener galletas.
—¡SÍÍ!

Pero siguieron adelante y leyeron, leyeron y leyeron.

Luego dejaron de leer y limpiaron la habitación de Micki.

—Mi cuarto ya está ordenado —dice Micki—. Vamos a buscar galletas.
Pero no encontraron a Prudence por ningún lado.

Micki, Lolo y Unathi se quedaron mirando el tarro de galletas, que estaba en el estante superior, preguntándose cómo llegar hasta él.

Entonces encontraron una silla y se turnaron para subirse a ella.
Pero ninguno alcanzó el tarro de galletas.
—Mi madre diría que esto es peligroso y que podríamos caernos y lastimarnos —dijo Lolo.

Así que Lolo se sentó sobre los hombros de Unathi y estiró los brazos, pero no pudo alcanzar el tarro de galletas.
—Mi padre diría que esto es peligroso, que podríamos caer y lastimarnos —dijo Unathi.

Así que encontraron una cuerda para atarla al tarro de galletas y tirarlo hacia abajo.
Pero seguían sin poder alcanzar el tarro de galletas.
—Mi mamá diría que esto es peligroso, y que el tarro podría caernos encima y lastimarnos —dijo Micki.

—¿Qué hacen? —preguntaron Jonathan y Sakhi.
—Estamos intentando alcanzar el tarro de galletas —dijo Micki.
—Nosotros podemos ayudarlos —dijeron.

—Empujemos la mesa cerca de la estantería y subámonos a ella —dijo Jonathan.
Pero, aun así, ninguno de ellos podía alcanzar el tarro de galletas.

—Lancemos un balón al tarro y derribémoslo para que se caigan las galletas —dijo Sakhi.
—¡Sí! —dijeron Lolo y Jonathan.
—¡No! —dijeron Unathi y Micki.

Finalmente, a Micki se le ocurrió una idea…
¡Y así fue como, juntos, consiguieron llegar al tarro de galletas!


