El cuento del Sr. Tod

He hecho muchos libros sobre gente bien educada. Ahora, para variar, voy a hacer una historia sobre dos personas desagradables, llamadas Tommy Brock y el Sr. Tod.

Nadie pod√≠a llamar “simp√°tico” al Sr. Tod. Los conejos no lo soportaban; pod√≠an olerlo a media milla de distancia. Era de h√°bitos errantes y ten√≠a bigotes de zorro; nunca sab√≠an d√≥nde estar√≠a la pr√≥xima vez.

Un día vivía en una casa de palos en el bosquecillo, aterrorizando a la familia del viejo Benjamin Bouncer. Al día siguiente se instaló en un sauce cerca del lago, asustando a los patos salvajes y a las ratas de agua.

En invierno y a principios de la primavera se le podía encontrar generalmente en una tierra entre las rocas en la cima de Bull Banks, bajo Oatmeal Crag.

Tenía media docena de casas, pero rara vez estaba en casa.

Las casas no siempre estaban vacías cuando Sr. Tod se mudaba; porque a veces Tommy Brock se mudaba; (sin pedir permiso).

Tommy Brock era una persona bajita, gorda, erizada y sonriente; sonreía por toda la cara. Sus hábitos no eran agradables. Comía nidos de avispas, ranas y gusanos, y se paseaba a la luz de la luna desenterrando cosas.

Ten√≠a la ropa muy sucia y, como dorm√≠a de d√≠a, se acostaba siempre con las botas puestas. Y la cama donde se acostaba sol√≠a ser la del se√Īor Tod.

Ahora bien, Tommy Brock com√≠a de vez en cuando pastel de conejo; pero eran muy poquitos de vez en cuando, cuando escaseaba realmente otro alimento. Era amigo del viejo se√Īor Bouncer; coincid√≠an en que les disgustaban las malvadas nutrias y el se√Īor Tod; hablaban a menudo de aquel doloroso tema.

El viejo Sr. Bouncer estaba entrado en a√Īos. Estaba sentado al sol primaveral fuera de la madriguera, con una bufanda; fumando una pipa de tabaco de conejo.

Vivía con su hijo Benjamin Conejo y su nuera Flopsy, que tenían una familia joven. El viejo Sr. Bouncer estaba a cargo de la familia esa tarde, porque Benjamín y Flopsy habían salido.

Los conejitos eran lo bastante mayores para abrir sus ojos azules y patalear. Yacían en un mullido lecho de lana de conejo y heno, en una madriguera poco profunda, separada de la conejera principal. A decir verdad, el viejo Sr. Bouncer se había olvidado de ellos.

Se sent√≥ al sol y convers√≥ cordialmente con Tommy Brock, que pasaba por el bosque con un saco y una peque√Īa pala que utilizaba para cavar, y algunas trampas para topos. Se quej√≥ amargamente de la escasez de huevos de fais√°n, y acus√≥ al se√Īor Tod de cazarlos furtivamente. Y las nutrias se hab√≠an llevado todas las ranas mientras √©l dorm√≠a en invierno: “Hace quince d√≠as que no como un buen plato, vivo a base de nueces de cerdo. Tendr√© que volverme vegetariano y comerme mi propio rabo”, dijo Tommy Brock.

No era una gran broma, pero le hizo cosquillas al viejo se√Īor Bouncer; porque Tommy Brock era tan gordo y rechoncho y sonre√≠a.

Entonces el viejo se√Īor Bouncer se ech√≥ a re√≠r; y presion√≥ a Tommy Brock para que entrara, para probar una rebanada de pastel de semillas y “un vaso del vino cowslip de mi hija Flopsy”. Tommy Brock se meti√≥ en la madriguera con presteza.

Luego el viejo se√Īor Bouncer fum√≥ otra pipa y le dio a Tommy Brock un cigarro de hoja de col que era tan fuerte que hizo sonre√≠r a Tommy Brock m√°s que nunca; y el humo llen√≥ la madriguera. El viejo se√Īor Bouncer tos√≠a y re√≠a; y Tommy Brock resoplaba y sonre√≠a.

Y el Sr. Bouncer se reía y tosía, y cerraba los ojos por el humo de la col.

Cuando Flopsy y Benjamin volvieron, el viejo se√Īor Bouncer se despert√≥. Tommy Brock y todos los conejitos hab√≠an desaparecido.

El Sr. Bouncer no quiso confesar que había admitido a nadie en la madriguera. Pero el olor a tejón era innegable, y en la arena había marcas de pisadas redondas y pesadas. Estaba en desgracia; Flopsy le retorció las orejas y lo abofeteó.

Benjamin Conejo salió de inmediato tras Tommy Brock.

No hubo mucha dificultad en seguirle la pista; hab√≠a dejado su huella y sub√≠a lentamente por el sinuoso sendero que atravesaba el bosque. Aqu√≠ hab√≠a desarraigado el musgo y la acedera. All√≠ hab√≠a cavado un agujero bastante profundo para la ciza√Īa y hab√≠a colocado una trampa para topos. Un peque√Īo arroyo cruzaba el camino. Benjam√≠n salt√≥ ligeramente sobre los pies secos; los pesados pasos del tej√≥n se ve√≠an claramente en el barro.

El sendero conducía a una parte de la espesura donde los árboles habían sido talados; había frondosos tocones de roble y un mar de jacintos azules, pero el olor que hizo detenerse a Benjamin no era el olor de las flores.

La casa de palos del se√Īor Tod estaba ante √©l y, por una vez, el se√Īor Tod estaba en casa. No solo hab√≠a un aroma a zorro que lo confirmaba, tambi√©n sal√≠a humo de la lata rota que serv√≠a de chimenea.

Benjamín Conejo se sentó, mirando fijamente; sus bigotes se estremecieron. Dentro de la casa de palos alguien dejó caer un plato y dijo algo. Benjamín golpeó el suelo con el pie y salió disparado.

No se detuvo hasta llegar al otro lado del bosque. Aparentemente, Tommy Brock había tomado el mismo camino. En la parte superior del muro, estaban de nuevo las marcas del tejón; y algunos hilos de un saco se habían enganchado en una zarza.

Benjam√≠n trep√≥ por encima del muro, hacia un prado. Encontr√≥ otra trampa para topos reci√©n colocada; segu√≠a siguiendo el rastro de Tommy Brock. La tarde estaba avanzada. Otros conejos sal√≠an a disfrutar del aire del atardecer. Uno de ellos, con un abrigo azul y solo, estaba ocupado buscando dientes de le√≥n. “¬°Primo Peter! Peter Conejo, ¬°Peter Conejo!” grit√≥ Benjam√≠n Conejo.

El conejo de abrigo azul se levantó con las orejas en punta.

“¬ŅQu√© pasa, primo Benjam√≠n? ¬ŅEs un gato? ¬ŅO Juan Hur√≥n Comadreja?”

“No, no, no. Ha atrapado a mi familia, Tommy Brock, en un saco. ¬ŅLo has visto?”

“¬ŅTommy Brock? ¬ŅCu√°ntos, primo Benjam√≠n?”

“Siete, primo Peter, ¬°y todos son gemelos! ¬ŅPas√≥ por aqu√≠? ¬°Por favor, dime r√°pido!”

“S√≠, s√≠, hace apenas diez minutos… dijo que eran orugas; aunque pens√© que se mov√≠an un poco demasiado para ser orugas.”

“¬ŅHacia d√≥nde? ¬ŅHacia d√≥nde se fue, primo Peter?”

“Ten√≠a un saco con algo ‘vivo en √©l; lo vi colocar una trampa para topos. D√©jame pensar, primo Benjam√≠n; cu√©ntame desde el principio”. Benjam√≠n as√≠ lo hizo.

“Mi t√≠o Saltar√≠n ha demostrado una lamentable falta de discreci√≥n para su edad”, dijo Peter reflexivamente, “pero hay dos circunstancias esperanzadoras. Tu familia est√° viva y activa, y Tommy Brock ha tenido algo para comer. Probablemente se quedar√° dormido y los guardar√° para el desayuno”. “¬ŅHacia d√≥nde?”, pregunt√≥ Benjam√≠n. “Primo Benjam√≠n, c√°lmate. S√© muy bien hacia d√≥nde. Como el se√Īor Tod estaba en casa en la casa de palos, ha ido a la otra casa del se√Īor Tod, en lo alto de Bull Banks. Lo s√© en parte porque se ofreci√≥ a dejar alg√ļn mensaje en la casa de la hermana Cola de Algod√≥n; dijo que pasar√≠a por all√≠”. (Cola de Algod√≥n se hab√≠a casado con un conejo negro y se hab√≠a ido a vivir a la colina).

Peter escondi√≥ sus dientes de le√≥n y acompa√Ī√≥ al afligido padre, que estaba muy nervioso. Cruzaron varios campos y empezaron a subir la colina; las huellas de Tommy Brock se ve√≠an claramente. Parec√≠a haber dejado el saco cada docena de metros para descansar.

“Debe estar muy agotado; lo tenemos muy cerca por el olor. ¬°Qu√© persona tan desagradable!”, dijo Peter.

El sol a√ļn brillaba c√°lido e inclinado sobre los pastizales de la colina. A medio camino, Cola de Algod√≥n estaba sentada en su puerta, con cuatro o cinco conejitos medio crecidos jugando a su alrededor; uno negro y los dem√°s marrones.

Cola de Algodón había visto a Tommy Brock pasar a lo lejos. Al preguntar si su esposo estaba en casa, respondió que Tommy Brock había descansado dos veces mientras lo observaba.

√Čl hab√≠a asentido y se√Īalado el saco, pareciendo doblarse de risa. “V√°monos, Peter; √©l los estar√° cocinando; ¬°ven m√°s r√°pido!”, dijo Benjam√≠n Conejo.

Subieron y subieron; “Estaba en casa; vi sus orejas negras asomando por el agujero”. “Viven demasiado cerca de las rocas como para pelear con sus vecinos. ¬°Vamos, primo Benjam√≠n!”

Cuando se acercaron al bosque en lo alto de Bull Banks, avanzaron con cautela. Los √°rboles crec√≠an entre rocas amontonadas; y all√≠, debajo de un risco, el se√Īor Tod hab√≠a hecho una de sus guaridas. Estaba en lo alto de una empinada ladera; las rocas y arbustos lo cubr√≠an. Los conejos avanzaron sigilosamente, escuchando y espiando.

Esta casa era algo entre una cueva, una prisión y un chiquero derruido. Había una puerta fuerte que estaba cerrada con llave.

El sol poniente hacía brillar los cristales de las ventanas como llamas rojas, pero el fuego de la cocina no estaba encendido. Los conejos, al asomarse por la ventana, veían que el fuego de la cocina estaba cuidadosamente colocado con palos secos.

Benjamin suspiró aliviado.

Pero en la mesa de la cocina había preparativos que le hicieron estremecerse. Había una inmensa tartera vacía de sauce azul, un gran cuchillo de trinchar, un tenedor y una picadora.

En el otro extremo de la mesa había un mantel parcialmente desplegado, un plato, un vaso, un cuchillo y un tenedor, salero, mostaza y una silla; en resumen, los preparativos para la cena de una persona.

No se ve√≠a a nadie, ni tampoco conejos j√≥venes. La cocina estaba vac√≠a y silenciosa; el reloj se hab√≠a puesto en hora. Peter y Benjamin apoyaron la nariz contra la ventana y miraron fijamente hacia el crep√ļsculo.

Luego treparon por las rocas hasta el otro lado de la casa. Era un lugar h√ļmedo y maloliente, lleno de espinas y zarzas.

Los conejos temblaban en sus zapatos.

“¬°Oh, mis pobres conejitos! Qu√© lugar tan espantoso; ¬°nunca volver√© a verlos!”, suspir√≥ Benjamin.

Se acercaron sigilosamente a la ventana del dormitorio. Estaba cerrada con pestillo, como la de la cocina. Pero hab√≠a indicios de que hab√≠a estado abierta hac√≠a poco; las telara√Īas estaban revueltas y hab√≠a huellas recientes de pisadas sucias en el alf√©izar.

La habitaci√≥n estaba tan oscura que al principio no pudieron distinguir nada, pero oyeron un ruido: un ronquido lento, profundo y regular. Y cuando sus ojos se acostumbraron a la oscuridad, se dieron cuenta de que alguien dorm√≠a en la cama del se√Īor Tod, acurrucado bajo la manta.

Benjamin, que era todo un gorjeo, tiró a Peter del alféizar de la ventana.

Los ronquidos de Tommy Brock continuaban, gru√Īones y regulares desde la cama del Sr. Tod. No se ve√≠a nada de la joven familia.

El sol se hab√≠a puesto; un b√ļho empez√≥ a ulular en el bosque. Hab√≠a muchas cosas desagradables tiradas por ah√≠, que m√°s valdr√≠a haber enterrado; huesos y cr√°neos de conejo, patas de gallina y otros horrores. Era un lugar espantoso y muy oscuro.

Volvieron a la parte delantera de la casa e intentaron por todos los medios mover el cerrojo de la ventana de la cocina. Intentaron empujar un clavo oxidado entre las hojas de la ventana, pero fue in√ļtil, sobre todo sin luz.

Se sentaron uno junto al otro frente a la ventana, susurrando y escuchando.

En media hora salió la luna sobre el bosque. Brillaba llena, clara y fría sobre la casa, entre las rocas, y en la ventana de la cocina. Pero, ¡ay!, no se veía ninguna cría de conejo.

Los rayos de luna centelleaban sobre el cuchillo de trinchar y el plato de tarta, y hacían un camino de brillo por el suelo sucio.

La luz dejaba ver una peque√Īa puerta en una pared junto a la chimenea de la cocina, una peque√Īa puerta de hierro que pertenec√≠a a un horno de ladrillo, de esos antiguos que sol√≠an calentarse con le√Īa.

Y al mismo tiempo, Peter y Benjamín notaron que cada vez que sacudían la ventana, la puertecita de enfrente se sacudía en respuesta. La joven familia estaba viva; ¡encerrada en el horno!

Benjamin estaba tan excitado que fue una suerte que no despertara a Tommy Brock, cuyos ronquidos continuaban solemnemente en la cama del Sr. Tod.

Pero en realidad no había mucho consuelo en el descubrimiento. No podían abrir la ventana y, aunque la joven familia estaba viva, los conejitos eran incapaces de salir por sí mismos, pues no tenían edad para gatear.

Despu√©s de mucho cuchichear, Peter y Benjamin decidieron cavar un t√ļnel. Empezaron a cavar uno o dos metros m√°s abajo de la orilla. Esperaban poder trabajar entre las grandes piedras que hab√≠a debajo de la casa; el suelo de la cocina estaba tan sucio que era imposible saber si era de tierra o de banderas.

Cavaron y cavaron durante horas. No pod√≠an hacer un t√ļnel recto a causa de las piedras, pero al final de la noche estaban bajo el suelo de la cocina. Benjamin estaba de espaldas, rascando hacia arriba. Las garras de Peter estaban desgastadas; estaba fuera del t√ļnel, arrastrando arena. Dijo que hab√≠a amanecido y que los arrendajos hac√≠an ruido en el bosque.

Benjamin Conejo sali√≥ del oscuro t√ļnel, sacudi√©ndose la arena de las orejas; se limpi√≥ la cara con las patas. Cada minuto que pasaba el sol brillaba con m√°s intensidad en la cima de la colina. En el valle hab√≠a un mar de niebla blanca, entre la que asomaban las copas doradas de los √°rboles.

De nuevo, desde los campos de abajo, entre la niebla, llegó el grito furioso de un arrendajo, seguido del ladrido agudo de un zorro.

Entonces esos dos conejos perdieron completamente la cabeza. Hicieron la mayor tonter√≠a que pod√≠an haber hecho. Se precipitaron en su nuevo y corto t√ļnel, y se escondieron en el extremo superior del mismo, bajo el suelo de la cocina del se√Īor Tod.

El Sr. Tod sub√≠a por Bull Banks y estaba de muy mal humor. Primero se hab√≠a enfadado al romper el plato. Fue culpa suya, pero era un plato de porcelana, el √ļltimo de la vajilla que hab√≠a pertenecido a su abuela, la vieja Vixen Tod. Luego los mosquitos hab√≠an estado muy malos. Y no hab√≠a conseguido atrapar a una gallina fais√°n en su nido, que s√≥lo conten√≠a cinco huevos, dos de ellos torcidos. El Sr. Tod hab√≠a pasado una noche insatisfactoria.

Como de costumbre, cuando no estaba de humor, decidi√≥ cambiar de casa. Primero prob√≥ con el sauce, pero estaba h√ļmedo y las nutrias hab√≠an dejado un pez muerto cerca. Al Sr. Tod s√≥lo le gustan sus propios desperdicios.

Se dirigió colina arriba; su temperamento no mejoró al notar las inconfundibles marcas de tejón. Nadie arranca el musgo con tanta avidez como Tommy Brock.

El Sr. Tod golpe√≥ la tierra con su bast√≥n y ech√≥ humo; adivinaba ad√≥nde hab√≠a ido Tommy Brock. Le molestaba a√ļn m√°s el p√°jaro arrendajo que le segu√≠a insistentemente. Volaba de √°rbol en √°rbol y re√Ī√≠a, advirtiendo a todos los conejos a su alcance que un gato o un zorro se acercaba a la plantaci√≥n. Una vez, cuando vol√≥ gritando por encima de su cabeza, el se√Īor Tod le espet√≥ y ladr√≥.

Se acercó a su casa con mucho cuidado, con una gran llave oxidada. Olfateó y se le erizaron los bigotes. La casa estaba cerrada, pero el Sr. Tod dudaba de que estuviera vacía. Giró la llave oxidada en la cerradura; los conejos de abajo podían oírlo. El Sr. Tod abrió la puerta con cautela y entró.

Lo que vieron los ojos del Sr. Tod en la cocina le puso furioso. Allí estaba la silla y la tartera del Sr. Tod, y su cuchillo y su tenedor y su mostaza y su salero y su mantel que había dejado doblado en la cómoda -todo dispuesto para la cena (o el desayuno)-, sin duda para aquel odioso Tommy Brock.

Había un olor a tierra fresca y tejón sucio que, afortunadamente, tapaba todo olor a conejo.

Pero lo que absorbió la atención del Sr. Tod fue un ruido: un ronquido profundo, lento y regular que provenía de su propia cama.

Se asomó por las bisagras de la puerta entreabierta del dormitorio. Luego se dio la vuelta y salió de la casa a toda prisa. Se le erizaron los bigotes y el cuello del abrigo se le erizó de rabia.

Durante los veinte minutos siguientes, el Sr. Tod sigui√≥ entrando cautelosamente en la casa y saliendo precipitadamente. Poco a poco se aventur√≥ a entrar m√°s, hasta el dormitorio. Cuando estaba fuera de la casa, ara√Īaba la tierra con furia. Pero cuando estaba dentro, no le gustaba el aspecto de los dientes de Tommy Brock.

Estaba tumbado boca arriba con la boca abierta, sonriendo de oreja a oreja. Roncaba tranquila y regularmente; pero un ojo no estaba perfectamente cerrado.

El Sr. Tod entraba y salía del dormitorio. Dos veces trajo su bastón, y una vez la carbonera. Pero se lo pensó mejor y se los llevó.

Cuando regres√≥ despu√©s de retirar el cofre del carb√≥n, Tommy Brock estaba tumbado un poco m√°s de lado; pero parec√≠a a√ļn m√°s profundamente dormido. Era una persona incurablemente indolente; no tem√≠a lo m√°s m√≠nimo al Sr. Tod; simplemente estaba demasiado perezoso y c√≥modo para moverse.

El Sr. Tod volvió una vez más al dormitorio con un tendedero. Se quedó un minuto observando a Tommy Brock y escuchando atentamente los ronquidos. Eran muy fuertes, pero parecían muy naturales.

Volvió la espalda hacia la cama y descorrió la ventana. Crujió; se volvió de un salto. Tommy Brock, que había abierto un ojo, lo cerró precipitadamente. Los ronquidos continuaban.

Actuó de un modo peculiar y bastante incómodo (porque la cama estaba entre la ventana y la puerta del dormitorio). Abrió un poco la ventana y sacó la mayor parte del tendedero al alféizar. El resto del tendedero, con un gancho en el extremo, permaneció en su mano.

Tommy Brock roncaba concienzudamente. El Sr. Tod se quedó mirándolo un minuto; luego volvió a salir de la habitación.

Tommy Brock abrió los dos ojos, miró la cuerda y sonrió. Se oyó un ruido fuera de la ventana. Tommy Brock cerró los ojos de golpe.

El Sr. Tod había salido por la puerta principal y había rodeado la parte trasera de la casa. Por el camino, tropezó con la madriguera de los conejos. Si hubiera tenido idea de quién estaba dentro, lo habría sacado rápidamente.

Su pie atraves√≥ el t√ļnel casi encima de Peter Conejo y Benjamin, pero afortunadamente pens√≥ que se trataba de otra obra de Tommy Brock.

Cogió la cuerda del alféizar, escuchó un momento y la ató a un árbol.

Tommy Brock le observaba con un ojo, a través de la ventana. Estaba perplejo.

El Sr. Tod cogió un cubo grande y pesado de agua del manantial y se tambaleó con él por la cocina hasta su dormitorio.

Tommy Brock roncaba afanosamente, m√°s bien con un bufido.

El Sr. Tod dejó el cubo junto a la cama, cogió el extremo de cuerda con el gancho, vacilante, y miró a Tommy Brock. Los ronquidos eran casi apopléticos; pero la sonrisa no era tan grande.

Se subió cautelosamente a una silla junto a la cabecera del somier. Sus piernas estaban peligrosamente cerca de los dientes de Tommy Brock.

Levantó la mano y puso el extremo de la cuerda, con el gancho, sobre la cabecera de la cama del probador, donde deberían colgar las cortinas.

(Las cortinas del Sr. Tod estaban plegadas y guardadas, porque la casa estaba desocupada. Lo mismo ocurría con el cubrecama. Tommy Brock sólo estaba cubierto con una manta). Sr. Tod, de pie en la inestable silla, lo miraba atentamente; ¡realmente era un dormilón de primera!

Parecía como si nada fuera a despertarle, ni siquiera el aleteo de la cuerda sobre la cama.

El Sr. Tod baj√≥ sano y salvo de la silla, y se esforz√≥ por levantarse de nuevo con el cubo de agua. Pretend√≠a colgarlo del gancho, que pend√≠a sobre la cabeza de Tommy Brock, para hacer una especie de ducha-ba√Īo, accionada por una cuerda, a trav√©s de la ventana.

Pero, naturalmente, como era una persona de piernas delgadas (aunque vengativa y de bigotes arenosos), fue incapaz de levantar el pesado peso hasta el nivel del gancho y la cuerda. Estuvo a punto de perder el equilibrio.

Los ronquidos se hicieron cada vez más apopléticos. Una de las patas traseras de Tommy Brock se crispó bajo la manta, pero aun así siguió durmiendo plácidamente.

El Sr. Tod y el cubo descendieron de la silla sin accidente. Después de pensarlo bastante, vació el agua en una palangana y una jarra. El cubo vacío no era demasiado pesado para él; lo levantó tambaleándose por encima de la cabeza de Tommy Brock.

¡Seguro que nunca hubo un durmiente así! El Sr. Tod se levantaba y bajaba, bajaba y subía en la silla.

Como no podía levantar todo el cubo de una vez, cogió una jarra de leche y fue echando litros y litros de agua poco a poco. El cubo se llenaba cada vez más y oscilaba como un péndulo. De vez en cuando salpicaba una gota, pero Tommy Brock roncaba con regularidad y no se movía, excepto un ojo.

Por fin, El Sr. Tod había terminado los preparativos. El cubo estaba lleno de agua; la cuerda estaba tensada por encima de la cama y a través del alféizar de la ventana hasta el árbol de fuera.

“Se armar√° un gran l√≠o en mi dormitorio; pero no podr√≠a volver a dormir en esa cama sin una limpieza primaveral de alg√ļn tipo”, dijo el Sr. Tod.

Ech√≥ una √ļltima mirada al tej√≥n y sali√≥ suavemente de la habitaci√≥n. Sali√≥ de la casa, cerrando la puerta principal. Los conejos oyeron sus pasos por el t√ļnel.

Corrió por detrás de la casa, con la intención de soltar la cuerda para dejar caer el cubo de agua sobre Tommy Brock-.

“Le despertar√© con una desagradable sorpresa”, dijo el Sr. Tod.

En cuanto se hubo marchado, Tommy Brock se levantó a toda prisa; hizo un fardo con la bata del Sr. Tod, la metió en la cama debajo del cubo de agua en vez de a sí mismo, y salió también de la habitación, sonriendo inmensamente.

Fue a la cocina, encendió el fuego y puso a hervir la tetera; de momento no se preocupó de cocinar los conejitos.

Cuando el Sr. Tod llegó al árbol, comprobó que el peso y el esfuerzo habían apretado tanto el nudo que ya no podía desatarse. Se vio obligado a roerlo con los dientes. Masticó y royó durante más de veinte minutos. Por fin, la cuerda cedió con una sacudida tan brusca que casi le arrancó los dientes y le hizo caer de espaldas.

Dentro de la casa se oyó un gran estruendo, un chapoteo y el ruido de un cubo que rodaba una y otra vez.

Pero no hubo gritos. El Sr. Tod estaba desconcertado; se quedó quieto y escuchó atentamente. Luego se asomó a la ventana. El agua goteaba de la cama, el cubo había rodado hasta un rincón.

En medio de la cama, bajo la manta, hab√≠a algo aplastado y h√ļmedo, muy abollado en el centro, donde el cubo lo hab√≠a atrapado (como si le atravesara la barriga). Ten√≠a la cabeza cubierta por la manta mojada y ya no roncaba.

No hab√≠a nada que se moviera, y ning√ļn sonido excepto el goteo, goteo, goteo del agua que goteaba del colch√≥n.

El Sr. Tod la observó durante media hora; le brillaban los ojos.

Entonces hizo una cabriola y se envalentonó tanto que incluso golpeó la ventana; pero el bulto no se movió.

Sí -no cabía duda-, había salido incluso mejor de lo que él había planeado; ¡el cubo había golpeado al pobre Tommy Brock y lo había casi matado!

“Enterrar√© a ese canalla en el agujero que ha cavado. Sacar√© mi ropa de cama y la secar√© al sol, dijo el Sr. Tod.

“Lavar√© el mantel y lo extender√© sobre la hierba al sol para que se blanquee. Y la manta debe ser colgada al viento; y la cama debe ser desinfectada a fondo, y aireada con un calentador; y calentada con una bolsa de agua caliente.”

“Conseguir√© jab√≥n suave, y jab√≥n de mono, y todo tipo de jab√≥n; y sosa y cepillos para fregar; y polvo persa; y carb√≥lico para quitar el olor. Tengo que desinfectar. Tal vez tenga que quemar azufre”.

Se apresur√≥ a dar la vuelta a la casa para coger una pala de la cocina: “Primero arreglar√© el agujero, luego sacar√© a esa persona de la manta….”.

Abri√≥ la puerta….

Tommy Brock estaba sentado a la mesa de la cocina del Sr. Tod, sirviendo té de la tetera. Estaba muy seco y sonreía, y arrojó la taza de té hirviendo sobre él.

Luego de eso, el Sr. Tod se abalanzó sobre Tommy Brock, y forcejearon entre la vajilla rota, y todo se convirtió en una terrible batalla por toda la cocina. A los conejos de abajo les parecía que el suelo iba a ceder con cada golpe de los muebles que se caían.

Salieron sigilosamente de su t√ļnel y se colgaron entre las rocas y los arbustos, escuchando ansiosamente.

Dentro de la casa el alboroto era espantoso. Las crías de conejo que estaban en el horno se despertaron temblando; quizá fue una suerte que estuvieran encerradas dentro.

Todo estaba trastornado menos la mesa de la cocina.

Y todo estaba roto, excepto la repisa de la chimenea y el guardabarros de la cocina. La vajilla estaba hecha a√Īicos.

Se rompieron las sillas, la ventana, el reloj cay√≥ con estr√©pito, y hubo pu√Īados de los arenosos bigotes del Sr. Tod.

Los jarrones se cayeron de la repisa de la chimenea, los botes se cayeron de la estantería; la tetera se cayó de la placa de cocción. Tommy Brock metió el pie en un tarro de mermelada de frambuesa.

Y el agua hirviendo de la tetera cayó sobre la cola del Sr. Tod.

Cuando cayó la tetera, Tommy Brock, que seguía sonriendo, resultó estar más arriba; e hizo rodar al Sr. Tod una y otra vez como un tronco, hacia la puerta.

Entonces los gru√Īidos y las preocupaciones continuaron fuera; y rodaron por la orilla, y colina abajo, chocando contra las rocas. Nunca habr√° amor perdido entre Tommy Brock y el Sr. Tod.

En cuanto no hubo moros en la costa, Peter Conejo y Benjamin salieron de entre los arbustos…

“¬°Ahora a por ello! ¬°Corre, primo Benjamin! ¬°Corre a buscarlos! Mientras yo vigilo la puerta”.

Pero Benjamin estaba asustado…

“¬°Oh; oh! ¬°Est√°n volviendo!”

“No lo son”.

“¬°S√≠ que lo son!”

“¬°Qu√© mala suerte! Creo que se han ca√≠do por la cantera”.

Benjamin segu√≠a dudando, y Peter segu√≠a presion√°ndole…

“R√°pido, est√° bien. Cierra la puerta del horno, primo Benjamin, para que no se pierda”.

¡Decididamente había cosas animadas en la cocina del Sr. Tod!

En casa, en la madriguera del conejo, las cosas no habían sido del todo cómodas.

Despu√©s de discutir en la cena, Flopsy y el viejo se√Īor Bouncer hab√≠an pasado la noche en vela, y volvieron a discutir en el desayuno. El viejo se√Īor Bouncer ya no pod√≠a negar que hab√≠a invitado compa√Ī√≠a a la madriguera del conejo; pero se negaba a responder a las preguntas y reproches de Flopsy. El d√≠a transcurri√≥ pesado.

El viejo se√Īor Bouncer, muy enfurru√Īado, estaba acurrucado en un rinc√≥n, atrincherado con una silla. Flopsy le hab√≠a quitado la pipa y escondido el tabaco. Hab√≠a estado haciendo una limpieza completa para aliviar sus sentimientos. Acababa de terminar. El viejo se√Īor Bouncer, detr√°s de su silla, se preguntaba ansiosamente qu√© har√≠a ella a continuaci√≥n.

En la cocina del Sr. Tod, entre los escombros, Benjamin Conejo se dirigió nervioso hacia el horno, a través de una espesa nube de polvo. Abrió la puerta del horno, palpó dentro y encontró algo caliente que se retorcía. Lo sacó con cuidado y se reunió con Peter Conejo.

“¬°Los tengo! ¬ŅPodemos escapar? ¬ŅNos escondemos, primo Peter?”

Peter aguz√≥ el o√≠do; los lejanos sonidos de la lucha a√ļn resonaban en el bosque.

Cinco minutos después, dos conejos sin aliento se alejaron corriendo por Bull Banks, medio cargando medio arrastrando un saco entre los dos, dando tumbos por la hierba. Llegaron a casa sanos y salvos e irrumpieron en la madriguera.

Grande fue el alivio del viejo se√Īor Bouncer y la alegr√≠a de Flopsy cuando Peter y Benjamin llegaron triunfantes con la joven familia. Los conejitos estaban un poco ca√≠dos y muy hambrientos; se les dio de comer y se les acost√≥. Pronto se recuperaron.

El Sr. Bouncer recibió una larga pipa nueva y una nueva provisión de tabaco de conejo. Estaba un poco sobre su dignidad, pero aceptó.

El viejo Sr. Bouncer fue perdonado y todos cenaron. Luego Peter y Benjamin contaron su historia, pero no habían esperado lo suficiente para poder contar el final de la batalla entre Tommy Brock y el Sr. Tod.


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