—¡Auch!
Mamá Garza se lastima el ala y la pata con alambre de púas.

—Estoy herida. No puedo volver a casa con mis hijos. Por favor, ayúdame.

—¿Por qué lloras, mamá Garza?
—No puedo volver a casa con mis hijos.

—Te ayudaré —dice Lungile.

—¡Gracias, Lungile!

Al día siguiente, Gogo envía a Lungile a la tienda a comprar pan.
De camino, se detiene a jugar con sus amigos en el río.

¡Ay! El dinero ha desaparecido.

—¡No vuelvas a casa hasta que encuentres ese dinero!

—¿Por qué lloras, Lungile?

—He perdido el dinero que me dio Gogo para comprar pan. Ahora no tendremos cena.
—Te ayudaré.

Los agudos ojos de mamá Garza ven las monedas brillando en el agua.

—Gracias, mamá Garza.


