En una familia donde todos se iban a dormir temprano, existían dos niños que habían heredado los ojos de su padre, Lenieli, y el pelo de su madre, Piley.
Pues bien, cada noche los niños le pedían a su papá, Lenieli, que les contara una historia para dormir. Pero no cualquier historia: era una historia particular, de dos adolescentes que iban a la secundaria cuando, de repente, se enamoraron.
Lorelai, la hija menor de la pareja, mira a su papá y dice: —Papi, ¿nos podés contar la historia para dormir?
—Sí, pa, de grande quiero vivir una historia así —dijo Jim, su hijo mayor.
El padre, con los ojos cansados por tanto trabajo y el cuerpo abatido, los mira a los dos que hacían cara tierna para poder convencerlo. Finalmente, asiente con la cabeza sonriendo, se sienta al lado de su esposa sobre el sillón y la abraza mientras abre un libro con tapa azul.

—Bien, en una ciudad no tan lejana existía una escuela secundaria técnica donde iban dos chicos. El chico se llamaba Thiago y la chica, Pilar.
Pues bien, aunque se veían todos los días, estaban en aulas diferentes, pero durante los tiempos libres se miraban a lo lejos. Un día, Pilar se acercó hacia el grupo de amigos de Thiago y se dio cuenta de que era un chico precioso, tan lindo que lo veía hasta inalcanzable.
Luego, durante las vacaciones de invierno, ella decide mandarle un mensaje acerca de una canción. Lo que nadie se imaginó fue que desde ese día se volverían inseparables, hablaban miles de horas hasta quedarse sin tema de conversación, se recomendaban películas o canciones para poder entenderse mejor. Y en un momento, exactamente un mes y veinte días después, se convirtieron en novios y, días, luego por semanas, luego por meses, hasta que llegaron a cumplir un año de la mejor decisión de sus vidas.
Los podía destacar una cosa: el sentimiento y el cariño que tenían era genuino, mutuo, como si fuese una sola persona.
Cuando miraron para atrás, vieron cada momento que vivieron juntos. El primer abrazo, el primer beso, su primera cita y hasta su primer año juntos. Thiago o, como ella decía, Tobey, expresó su amor en una sola frase: “Sos todo lo que siempre soñé”. A lo cual Pilar, o como él le decía, Mi Vida, le decía: “Sos mi orquídea en un campo de rosas porque sos tan perfecto y único que nada ni nadie puede compararse con vos”.
A veces se ponían a hablar sobre el futuro, de cómo sería o cómo lo imaginaban. Se dieron cuenta de que sus metas eran exactas y que sabían cómo les gustaría que sea. Decían que querían dos hijos preciosos, una casa de una sola planta por pedido de Thiago, dos autos clásicos que tanto amaban y un jardín en el cual puedan mirar las estrellas por la noche.
Existe el rumor de que cuando ellos dos confirmaron su amor, el universo se paralizó por un segundo, porque sus ojos representaban más que mil estrellas juntas. Los ojos demostraban el amor que se tenían el uno al otro.
A lo largo del tiempo se dijo que todas sus metas se cumplieron, ya eran personas adultas y felices. Esto demuestra que para el amor no hay edad y que sí existe un alma gemela. Porque ellos, sin conocerse, estando en los mismos lugares al mismo tiempo, conectaron sin decir una sola palabra.
Y eso es el fin.
Lenieli levanta la mirada del libro y le sorprende ver a sus hijos profundamente dormidos. Su esposa, a su lado, lo miraba como el primer día en el que se conocieron. Sin hacer mucho ruido, salen de la habitación y Piley le dice:
—Quién diría que nuestros hijos amarían la historia de cómo nos conocimos para escucharla tantas veces y no cansarse.
Él la mira, la abraza y responde:
—Nunca te cansas de algo que amas y eso me pasa con vos desde el primer día que te vi, Mi Tiquita.
Ella empieza a sollozar y lo abraza tan fuerte hasta el cansancio, lo mira y comenta:
—¿Y si mejor vamos a dormir? Tuvimos un día muy largo.
Lenieli le agarra la mano y se dirigen a la habitación para, por fin, poder descansar después de ese día tan largo y cansador.
Este cuento representa que existe el amor verdadero. Existen peleas, enojos, llantos y hasta abrazos que pueden llegar a curar heridas que alguien alguna vez hizo, pero nunca curó. Pero siempre llega esa persona indicada, ese fiel compañero que te muestra cómo es el mundo en verdad y que te demuestra que, por más inconvenientes que haya, ese amor no va a cambiar.
Con mucho amor, dedicado para mi Tobey Maguire de parte de Pi
